La Ranita Peregrina

En ocasiones por el sur, llega el tiempo en el que es preciso arroparse aunque sólo sea con la sábana, por primera vez en varios meses.
El otoño está a punto de hacer su entrada triunfal en este año, y es expectante ver como esta estación aparece poco a poco cambiando los paisajes en los rostros de la tierra y de la urbe.
Por primera vez en varios meses, llueve con constancia y por primera vez en varios meses, siento la nostalgia del sol radiante que cambia la tez de color; por primera vez, recibo con alegría la tristeza que para otros supone encontrarse con esta época... y yo... ¡y yo me siento tan bien cuando me acurruco entre mis sábanas!
Yo nací en otoño. El otoño a pesar de sombrío, para mi siempre será especial. Porque me vio nacer, y porque me hace renacer como cuando era una cría. Lo que más he echado de menos esta vez es la lluvia, que aparece saludando por la noche.
Yo le doy las buenas noches, y le pido que sólo sean ellas, las lágrimas de las nubes las que vea aparecer en los días que siguen.
Utópico, irreal... ilusa, pero permitidme el lujo... ya es casi otoño.
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La Ranita Peregrina

Se perderá Cuba entera, perderemos Cuba entera y esta vez nadie regresará cantando. Los errores de la Historia se cometen y suceden constantemente en repeticiones, ya no periódicas, si no tan disfrazadas que la gente pasa a no reconocerlas… las repeticiones. Guerras han existido desde que el hombre es "civilizado" lo cual es bastante curioso: ha hecho falta la civilización del hombre para llegar a la cara menos cívica de este. "El mal no puede señalarse porque está en todos lados". Es realmente cierto. Hoy en día nos sorprendemos sobre manera de lo que ocurre en el mundo, creyéndonos los seres más cívicos cabalgando sobre la panacea universal, cuando hace 30 años moría un régimen dictatorial en nuestro país precedido de una cruenta guerra civil, y que después de tanto sigue suscitando rencillas políticas y sentimientos confrontados totalmente inhumanos, y lo que es peor: que todavía crean un marco destructivo que preferimos ignorar mirando hacia otro lado y diciéndonos a nosotros mismos " que salvajes aquellos, los que viven al otro lado, o más abajo", o vaya usted a saber. El país imperialista mundialmente hablando, es por excelencia EEUU, un país ejemplar en instaurar valores y derechos políticos y cívicos propios de la era en la que vivimos; pero inexcusablemente, también es el país más pobre, más sangriento, belicista y corrupto que actualmente existe en esta nuestra era. Famosos por su racismo, su intolerancia e incultura, arrastran una espina que aún hoy no logro entender: la espina cubana. A piques de rematar una temporada llena de historia en esa isla del Caribe, EEUU piensa entrar con armas a ocupar por la fuerza la isla. Ni una ni otra son soluciones. El país más imperialista del Mundo, desea tomar parte en todas las guerras de carácter internacional que hoy existen, siendo el "loco" que cabalga en la panacea del universo. Y si nadie, los que pueden porque a eso se dedican, lo remedia, se perderá Cuba y esta vez no cantarán, nadie vendrá cantando. Si alguno regresa inevitablemente lo hará llorando.
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La Ranita Peregrina
También les impactó a ellos.Cuando yo escribí mi primera impresión sobre Jessica, jamás pensé que una periodista también lo haría para un periódico provincial. Y no me gustó su artículo, aunque esto es una opinión muy personal. Destacó la labor de una vecina cordobesa que se ocupa de esta muchacha de la que casi aseguran padece esquizofrenia. Mi opinión difiere de esto último, porque sabemos que algo no va bien en esta joven… pero no nos pasemos. Por último me llamó especialmente la atención la frase final del artículo: "ojala se pueda conseguir una orden judicial para poder devolver a esta chica a su país para que así pueda recuperar la dignidad perdida"; no recuerdo si es exactamente así, solo lo leí una vez, y he intentado volver a mirar el periódico a través de la hemeroteca de su edición Web para asegurarme de esto último, pero hasta eso funciona mal.
Le preguntaría a las personas que piensan lo que escribió esta periodista, o articulista, qué precio es el que hay que pagar según ellos por la dignidad… por ejemplo la libertad ¿les parece bien? Pues asunto zanjado. Que se lleven a esta chica italiana con su posible esquizofrenia a su país para que recupere su dignidad perdida y pague el precio de su libertad. Sin duda alguna, no estoy dispuesta a conformarme con una respuesta de este tipo: ustedes lo quieren así, yo lo respetaré, pero la voz o las palabras son imparables y vomitaré una a una todas aquellas que reflejan la dignidad "perdida y por recuperar" de esta joven.
Las condiciones en las que vive en la calle son intolerables: desde su propia circunstancia capaz de incapacitarla por horas y días, hasta el puñado de necios de esta Córdoba y de este mundo que no tienen cosa mejor que hacer que daño por daño. Es una situación que debe ser tomada por el servicio público cuanto menos, y de la que todos queremos que salga, porque ha quedado claro, que somos muchos los que no queremos que viva así. Pero miremos algo: esta chica por un motivo obvio no quiere volver a su país. Y yo no soy nadie para despojarla de su libre, aunque probablemente poco acertada, decisión. No seré yo la que la despoje de sus derechos. Ella prefiere vivir así, y varias veces me he preguntado hasta qué punto una persona está dispuesta a tener un día a día como los que ella tiene, antes que volver a su "hogar". No creo que alguien esté tan loco como para defender a ultranza su libertad, porque de eso se trata: de que ella defiende su libertad. Podemos ayudarla: de hecho mis compañeros y yo, la ayudamos. Esta chica no ha tenido una infancia fácil, y no voy a violar en un medio público su intimidad (derecho sobre el que solo ella tiene ejercicio) para asegurar que tiene motivos suficientes para encontrarse de esta manera, indudablemente inhumana, y querer estar aquí. Todos/as lo sabemos o al menos lo intuimos.
Es esperanzador encontrarse con una vecina que ofrece una labor tan humanitaria incondicionalmente; también es esperanzador que alguien intente entender a esta joven. Es una ciudadana extranjera… pero comunitaria, europea, y no da motivos para que la echen de este país: si lo hicieran, yo misma convocaría una revolución en contra de la decisión de Jean Monet y sus colegas por la integración europea, que se me asemeja a otra forma más de enriquecimiento de unos pocos, ya que hasta ahora la unificación monetaria y unidad de mercado se ha conseguido casi al 100%, pero ¿qué pasa con la ciudadanía? Otra vez nos quedamos fuera.
Y Jessica, dando la razón al espíritu humanitario de los que opinan que debe volver a su país para "recuperar la dignidad perdida", menos aún que nosotros, no puede, no debe y lo más importante, no quiere quedarse fuera.
Jessica, que seguramente lo ha perdido casi todo, está en España porque quiere seguir guardando una de las pocas cosas que ahora la definen frente al mundo: su libertad… y si ese es su delito o castigo de locura, yo me pregunto si debería seguir huyendo. ¿Estamos muertos en vida si nos privan de la libertad? ¿a caso la libertad no es una gran parte de la dignidad humana? ¿y los locos que aún luchan por su libertad, son locos? Solo un momento de lucidez y un esfuerzo de comprensión, niegan esto último y afirman lo segundo.
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La Ranita Peregrina

Bajo la lluvia y la luz opaca de la noche, parecía que el tiempo pasaba más rápido de lo que podía imaginar, pero nada más lejos de los nervios que le produjeron huir con tanta rapidez de aquella mansión situada en la costa atlántica.
Su corazón roto por el dolor había rechazado cualquier tipo de esperanza hacia un nuevo renacer, que sin duda alguna, no querría imaginar si no era a su lado … pero ya era demasiado tarde. Dueña de su presente y testigo de su pasado, sabía que sobrepasó los límites ilimitados que aquel amor que un día caluroso de agosto vio nacer en su seno. Su tez morena, sus ojos y su pelo negros, empapados; sus manos ahora con los puños apretados por la rabia y la impotencia que todo aquello le envolvía, dibujaron en la noche y con el aroma de la marisma, la imagen de una joven desamparada al amor y rota por el duro golpe que le propinó la cruda realidad.
No pudo más que correr hacia la playa que se situaba metros atrás de la mansión en la que se encontraba pasando unos días de verano. Corrió con toda la fuerza y el coraje que en sí guardaba, pareciendo sus piernas la hierba agitada por el viento. Ella solo quería escapar … pero cuando no se es libre, es difícil hacerlo y aún menos conseguirlo.
Le dijo que le dolió su ausencia y que sentía pena por la pérdida de aquel que un día pudo sentir, sin que fuera, como suyo. Le dijo que hubiera preferido no saber de su existencia antes que volverse loca pensando que siempre estaría ahí su corazón, pero que jamás formaría parte de ella. Le dejó ver, que él siempre estaría en el rincón que un día le rogó guardase solo para ellos y que ahora se encontraba solo con uno; siempre se encontraba solo con uno.
"¿Por qué?... ¿ Por qué?..." Y obtuvo del mar el mismo silencio que de él y de las olas, el mismo sonido que todo aquello le retumbaba en el corazón y en la razón. ¿Qué podía hacer sino llorar? Y las lágrimas confundiéronse con la lluvia y la arena mojada con su cuerpo ligeramente recostado en una ínfima porción de playa.
Cesando la lluvia a la vez que la luna comenzaba a abrirse paso por la tierra mojada, iluminó a aquella joven. Parecía que quería secarle el cuerpo y arrancarle las lágrimas pegadas a su rostro … pero consiguió algo mucho mejor: le devolvió la cordura que una madre con una abrazo devuelve a su vástago, y ella comprendió, que era mejor obtener silencio que amargura de las palabras que podían haber brotado de la boca de él; que era mejor, la indiferencia a la diferencia pormenorizada que siempre le regaló en los momentos más innecesarios; que era mejor, sentir dar amor que morir mientras se espera a recibirlo de la nada.
A pesar de todo, preguntó "¿por qué?", y con el silencio del mar y el estruendo de las olas, obtuvo la primera estrella reflejada en el agua. Y entendió, por qué: porque toda huída tiene un final, y en ese final es donde se encuentra, irremediablemente, la única verdad que es capaz de devolvernos a la felicidad que creíamos perdida. Su felicidad sería un nuevo amor por descubrir. Quizás bajo la luna y un día caluroso de agosto.
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