La Ranita Peregrina
Me confieso sin resiganción y alzando la voz, víctima de un sistema universitario que me impide, por ahora, si quiera poder escribir con total libertad de tiempo. Los exámenes en su convocatoria extraoficial de diciembre, vienen cabalgando como jinetes del Apocalipsis infundando temor y ese estado nervioso, que provoca que el sudor resbale frío por nuestras manos. Menos mal que cuando llegamos a una carrera, lo hacemos porque deseamos estudiar algo que nos gusta, nos interesa... lo extraño es que eso no ocurra, y que ocurra precisamente lo contrario: nos atemorice.
En mi primera convocatoria oficial de septiembre, hace cuatro años, escribí en el messenger: "como borregos a la magna". Iba a hacer un examen de no recuerdo qué (administrativo me parece) y me sentía parte de un rebaño de personas convertidas a un borreguismo precoz, que avanza de una forma miserable y casi extrema hacia un final desgraciado: el examinarme dentro de una cerca, que sería el "aula magna".
Esta es la sensación que produce en mí la Universidad actual: algo que los pocos lectores que estéis por aquí, puede que os pase de largo porque no sois universitarios; pero los que lo son a buen seguro que me entienden.
Por lo que remato, justificando una larga ausencia de esta manera. Tengo que hacerme a la idea, de que con, o sin sabiduría universitaria (eso que mas da para tan célebre institución) tengo que arrastrarme por un mísero "5" en esta próxima convocatoria, por lo que tristemente, el trabajo que me tendrá ocupada, me impedirá(entre otras cosas que la propia Universidad debería de incluir y no incluye en su formación "deshumanizada") escribir lo que pienso, lo que creo o lo que me conmueve.
Tristemente... hasta luego.
La Ranita Peregrina


En el día que me faltes,
escribiré por ti, escribiré para ti, a ti te describiré,
aunque la tinta se derrame entre la yemas de mis dedos,
aunque el papel se arrugue en mi soledad,
se que teniéndote presente,
el mundo se llenará tan de ti,
como mi alma...
para siempre.

Y el llorar será como el soñar,
porque por ti lloraré mientras soñara con encontrarte,
en ese mágico mundo finito de los sueños,
en el que todos estamos,
aunque no nos toquen...
y te amaré cada vez que el llanto me lleve hasta allí.
Y te amaré, estés o no...
para siempre.

Al final de mis días,
con tu compañía, siempre con tu compañia,
miraré en el manto negro del cielo,
y aquella, la estrella que más brilla,
será la tuya... será la mía... y allí nos encontraremos...
ahora y para siempre.