La Ranita Peregrina
Últimamente, no corre mucho el viento por aquí. Aunque no han dejado de apedrear mi ventana los contratiempos, me ha sido difícil sobrellevarlos, porque a pesar de que el ventanal estaba cerrado, los cristales eran transparentes... y hay cosas que aunque una quiera no puede dejar de mirar, y mucho menos ignorar.
Hablaba hace poco una persona a la que aprecio notablemente, de algo así como que los prejuicios son pasajeros a los que uno deja o no subirse a su tren. Los que me acompañan durante 22 años, se van bajando en cada estación, quedándose menos de ellos. Y claro, esos son los más pesados. Los que más pesan, me aplastan las manos para no escribir; me aplastan la cabeza para no pensar con nitidez; hacen que mi tren avance cada vez más lento y provocan en mi una ansiedad y una percepción de mi alrededor, que no se corresponde con un mundo en el que se pueda sobrevivir. Y aquí es donde entran en juego las opciones.
Siempre que nos encontramos en este tipo de situaciones, elegimos las opciones: seguir o no seguir, qué elegir. Lamento o sonrisa, indiferencia o agallas, cambiar el rumbo, parar el tiempo sin poder hacerlo. De esa opción, siempre emanarán unas consecuencias que jamás conoceremos hasta que llegue, y lo más difícil es sobrellevarlas cuando llamen otra vez a pedradas a nuestra ventana. Por eso hay que estar preparados, pero esto no se sabe hasta que uno de los cristales ya se ha roto de tanto golpearlo. Al menos, aprendemos la lección.
Me pregunto entonces, si seguirá sirviendo de algo el que consultemos las líneas de la mano.
La Ranita Peregrina

En este país solo se manifiestan los españoles. Los que no nos manifestamos somos desgraciados no españoles en suelo español,a los que no nos importa el paro de este país, el precio de la vivienda o por poner otro ejemplo, a modo de ejemplo solamente, el terrorismo que personalmente, sufro como parte de la sociedad española desde hace 22 años.

Perdón, no lo sufro, porque no soy española, porque no me manifiesto en contra de éste, bajo un lema partidista y lo que es más crucial, bajo un himno único español.

No hay patria, no hay nación, no hay ciudadanía sin respeto a tu igual: a otro ser humano. Vaya, argumento muy progre, ahora que reparo.

¡Argumentos progresistas! ¡¡No soy española!!

En fin, tendré que dirigirme a algún psicólogo del Partido Popular (que es una organización política llena de humanismo ciudadano y español), para que me ayude contra mi problema de estar en contra de que la gente de España se manifieste contra problemas comunes, haciendo de lemas, arte y símbolos comunes, enseña partidista y de partición de un país al que le ha costado estar "medianamente unido".

No hay nada peor que no saber ganar, y a pesar de no tener la culpa como ciudadana (o si, quién sabe), me dan en el lomo, faltándome como española... a pesar de lo que quieran, y de que les estorbe el que tenga una opinión diferente. Hay que aprender a conivivir y a respetar; y la mierda que nos ha tocado vivir, a ver... no es por mal... pero es lo que parió una dictadura fascista: los que nos gobiernan son los hijos de una dictadura fascista con una educación poco humanizada y reprimida. ¡Pero bueno! ¡es absurdo lo que estoy escribiendo!

Ahí queda eso, de una no española, según el sector conservador, a la que no le importa este país ni en un antes,ni en un durante... ni después.

O sí, quién sabe...
La Ranita Peregrina

Del dolor solo puede expresarse más dolor. El único hombre que me ama ,de veras, en este mundo, me dijo al poco de conocerme que no hay nada mejor en la vida de una persona, que amar a alguien y ser respondido por esa misma persona...y ser correspondido.

El dolor que se experimenta en caso contrario es un huracán retorciéndote las entrañas y la garganta, algo muy poco , mejor dicho, nada recomendable.

Pero nadie escarmienta en cabeza ajena.

Y a pesar de que los dictados morales para evitar aquello, y que tienen siglos de antigüedad, los conocemos desde que comenzamos a tener consciencia...nos los saltamos. Tan solo la experiencia individual es la que nos enseña cuan razón tienen esos mismos dictados, y es a partir de ahí cuando empezamos a entenderlos... y de golpe los desciframos.

Lo malo de esta triste y dolorosa historia, al igual que otras tan importantes y vitales, es que a pesar de que nos dicen lo que "debemos hacer" nadie nos da el remedio o cura en favor de la mayor posibilidad que es romper esas normas o lo que es lo mismo: en el caso contrario. Al menos legalmente te sancionan y por represión, supuestamente aprendes. Pero, la cuestión es qué pasa con el dolor del alma, del espíritu... y del corazón.

Afortunadamente, amo y soy correspondida.