La Ranita Peregrina

Lo bueno siempre se hace esperar. Últimamente en las paradas por aquellas estaciones, ha ido encontrando a personas fascinantes, extrañas y únicas. Cada una de ellas con una peculiaridad o varias de ellas, que las ha hecho encasillar, casi sin saber como. Encontró también nuevos paisajes, lugares que irrumpieron en sus sentidos devolviéndole la vida a cada instante.

Lo cierto es que, después de todo, su propio criterio se había impuesto en su modo de pensar sin darse cuenta, igual que al amanecer de un día de agosto le sorprendía que lloviera. Decidió no esperar sentado a que algo bueno o mejor de lo que le ocurría en ese momento sucediera, si no que decidió caminar hacia adelante con todas las consecuencias. Difícil pero no imposible, encontró el camino que ya llevaba tiempo recorriendo sin percatarse de esto. Difícil, más difícil todavía, fue reconocer que después de todo, después de viajar y bajarse en cada parada, fue el reconocer que se podía sonreír como la primera vez en la que la felicidad le invadió la consciencia.

Difícil fue tomar la decisión de no esperar más sentado. Porque mientras se espera, el movimiento si quería no tenía que detenerse... y de paso ¿quién sabe? Quizás por el camino encontrara el motivo de volver a sentir ganas de vivir.

Lo bueno siempre se hace esperar, y lo cierto es que sin estar sentado encontró el motivo de su felicidad. Se vio recorriendo su propio camino, aquél del que se había extraviado, y volvió a sonreir. Y quiso darle gracias a la vida.